Corrupción
Lozoya, Odebrecht y los "delincuentes confesos"
Por Raúl Tortolero
Es cierto que un delincuente podría decir "cualquier cosa" para intentar acortar su condena. Pero, ¿cómo podrían conocer detalles bancarios tan específicos si todo fuera un invento?

Este sexenio por desgracia se ha distinguido por los muchos escándalos en donde la corrupción ocupa el papel protagónico, dentro del ámbito del gabinete priísta de Peña Nieto, y otros cercanos colaboradores. Por eso hoy nadie parece dudar que Emilio Lozoya en verdad haya recibido dinero de Odebrecht.

No pocos gobernadores y funcionarios del PRI nos han mostrado durante esta administración a qué grado son capaces de corromperse, a qué nivel conciben el presupuesto como un botín, y la manera en que se comportan -lejos de perseguir el bien común-, persigue sólo su propio beneficio, deglutiendo como un virus el cuerpo social al que deberían servir.


Pobres personajes, que imaginan que robando miles de millones podrán quedar impunes cuando sean alcanzados por las investigaciones ministeriales, periodísticas, o de asociaciones civiles, que los acaban poniendo contra la pared.

No pocas veces sus cómplices los traicionan para salvar su propio pellejo, porque el mal siempre paga mal, y entonces los delincuentes disfrazados de servidores públicos no pueden confiar en lo que otrora fuera su entorno de confianza.

El domingo 13, el conocido diario brasileño O´Globo, publicó que la empresa Odebrecht, también de origen brasileño, habría entregado 10 millones de dólares a Emilio Lozoya Austin, quien fue director de Pemex, para que éste pudiera apoyarlos en ganar una licitación para construir obras en la refinería de Tula, Hidalgo.

La información básicamente se apoya en declaraciones de Luis Alberto de Meneses Weyll, quien fue director de Odebrecht, y que aseguró que realizó pagos a Lozoya desde marzo de 2012, cuando Enrique peña Nieto estaba en campaña por la presidencia de México, y Lozoya era parte importante de su equipo.

Lozoya ha negado todo, y publicó en su cuenta de Twitter este domingo 13 una carta aclaratoria que contiene el párrafo siguiente: "Asimismo, suponiendo que hubiese alegatos en mi contra por parte de delincuentes confesos, habría que por lo menos mencionar que estas personas puedan decir cualquier cosa a cambio de reducciones de condenas".

Ante esto, cabe preguntarnos: ¿Cómo esos "delincuentes confesos" podrían conocer detalles bancarios tan específicos que involucrarían a Lozoya si todo fuera un invento? ¿En qué podrían verse beneficiados legalmente en la reducción de sus condenas si mintieran al aportar datos falsos? ¿A quién o quiénes les convendría supuestamente que esos ex funcionarios de Odebrecht hundieran a Lozoya, como para que les hubieran obligado a hundirlo?

Efectivamente, un delincuente podría decir "cualquier cosa" para intentar acortar su condena. Pero no tendría sentido que ese delincuente fabricara historias falsas que hundieran a terceros, como supuesto pasaporte hacia su más pronta libertad.

Este nuevo escándalo debe ser investigado a fondo, con seriedad, porque la ciudadanía mexicana no está para encubrimientos, para opacidad, para deshonestidad. Como dicen en el pueblo: este escándalo es "otro limón para el caldo". El PRI se va de los Pinos en 2018. Se va porque todos queremos sacarlo ya. 


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