Sindicatos
Haces, el empresario sindical
Por Hernán Gómez Bruera
No queda claro si estamos frente a un representante de los trabajadores, de los empresarios o de sus propios negocios.

En el ámbito sindical hemos visto recientemente la formación de dos centrales obreras vinculadas a la 4T: la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT), encabezada por el senador y líder minero Napoleón Gómez Urrutia, y la Confederación de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), liderada por el empresario y senador suplente, Pedro Haces Barba.

Mientras la CIT, presente especialmente en los sectores minero, manufacturero y transportista, aglutina a unos 480 mil trabajadores en 207 sindicatos, la CATEM agruparía, según la versión de Haces, a 1 117 sindicatos, y estaría presente en el ámbito de las empresas de seguridad, aunque también en algunos sindicatos del sector público y la construcción.

Ciertamente, ni Gómez Urrutia ni Haces Barba surgen de una tradición de sindicalismo independiente. Napo, en particular, heredó el liderazgo del sindicato minero de las manos de su padre, Napoleón Gómez Sada, quien a su vez surgió de la mano del corporativismo priísta vinculado al Congreso del Trabajo.

Sin embargo, a diferencia de Haces, Gómez Urrutia no saltó de pronto al mundo sindical: se puede decir incluso que se fraguó en ciertas luchas y, particularmente, tuvo un proceso de ruptura con el régimen al enfrentarse a algunos de los empresarios más poderosos del país, con fuertes intereses en el sector minero como Baillères, Larrea, Slim y Salinas Pliego.

El liderazgo de Gómez Urrutia se ha traducido en una serie de aumentos salariales y beneficios concretos para sus agremiados que no se comparan con los de Haces Barba. Y aunque hoy la CIT ha reciclado a algunos sindicatos del corporativismo tradicional, también está emprendiendo un esfuerzo por aglutinar a sindicatos reales, no de fachada, así como por defender genuinamente a los trabajadores.

En contraste, Haces ha sido siempre un hombre del régimen que ha hecho negocios con gobiernos estatales priístas. Con una reputación cuestionable, como ha mostrado Reforma en sucesivas notas, su ingresó al sindicalismo se dio desde el mundo de los negocios, como parte de una estrategia para que las empresas de seguridad, bajo su control, contaran con su propio registro sindical y de esa manera poder firmar contratos colectivos sin la participación de los trabajadores.

En el entorno morenista, Haces Barba es un representante del más viejo charrismo, incluso alguien que ha construido su trayectoria "sobre lo peor del sindicalismo tradicional", según citó un legislador de Morena de los que no lo ven con demasiada simpatía. La central que encabeza el ex priísta aglutina a algunos sindicatos que se han dedicado a la extorsión y la violencia, así como a vender contratos de protección a las empresas.

En su discurso frente al presidente de la República, Haces aseveró con solemnidad que "ha dado la vida por la lucha obrera". Anunció también que "hoy se terminan los contratos de protección que tanto daño le han hecho a México" (lo que resulta por demás inverosímil viniendo de él), e incluso se mostró como representante de un "sindicalismo moderno", algo por demás risible.

Cabe preguntarse si por modernidad Haces entiende ese sometimiento de los trabajadores a los patrones que ha caracterizado su práctica y su discurso. En la reciente asamblea de la CATEM, el senador suplente incluso condenó "los emplazamientos a huelga" (luego en una entrevista matizó y habló de "evitar las huelgas injustificadas"), y se ha manifestado en contra de la iniciativa de Gómez Urrutia para regular la tercerización.

En realidad, no queda claro si Pedro Haces es un representante de los trabajadores, de los empresarios o de sus propios negocios. En una llamada telefónica se lo pregunté. "Soy trabajador desde los 14 años", aseveró, "mi padre fue empresario. ¿Acaso yo no tengo derecho a tener empresas?".

Para él, la CATEM tiene un objetivo bastante particular: "armonizar los factores de la producción", me explicó. Sin duda suena extraño como objetivo para una central sindical cuyo principal empeño debiera estar -al menos uno esperaría- en defender el interés de los trabajadores.

Yeidckol Polevnsky asegura que, durante el proceso de construcción de la CATEM, Haces difundió falsamente la idea de que el presidente de la República le encargó crear "la central obrera de la 4T". Quizás López Obrador coquetee con esta formación gremial como una manera de restarle poder a la CTM o generar un contrapeso al sindicalismo priísta.

Sospecho, sin embargo, que la presencia del mandatario en la asamblea de este organismo -que contrasta con su ausencia en la reunión fundacional de la CIT- no solamente le permitirá a este singular empresario sindical hacer creíble aquella historia. También podría debilitar la propia agenda de libertad sindical, uno de los pilares más valiosos de esta administración.

En realidad, Haces ha hecho un negocio completo porque, a la par de la creación de la CATEM, ha formado un partido político que, por su constitución familiar, guarda un gran parecido con el Partido Verde: Fuerza Social por México. Uno y otro esfuerzo han corrido en paralelo. No puede sino generar sospechas el que esta nueva formación partidista que busca conquistar su registro haya celebrado 26 asambleas estatales en apenas dos meses.

Haces y los suyos deberán demostrar al INE que no han recurrido a una afiliación corporativa y que el nuevo partido no ha recibido apoyo económico y logístico de los sindicatos afilados a la CATEM, ambos supuestos expresamente prohibidos en la legislación.

Todo esto llama a una reflexión sobre los alcances de las alianzas políticas dentro del obradorismo y el tipo de personalidades que han sido admitida bajo su manto protector. Todos sabíamos que ha habido un fuerte elemento de pragmatismo en ellas. Lo que quizás no dimensionábamos -y la inclusión de Pedro Haces pone de manifiesto- es hasta dónde la 4T sería capaz de extender las fronteras de lo éticamente aceptable, ya no para un proyecto de izquierda sino siquiera para uno de carácter centrista.


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