Opinión
La chance perdida de las mañaneras
Por Hernán Gómez Bruera
Hay periodistas que desperdician la oportunidad de tener en frente a un presidente para cuestionarle. Pocas veces llamamos a cuentas a los periodistas.

Cuando el Presidente de la República ofreció brindar una conferencia de prensa durante todos los días de su administración tomó una decisión sin precedentes en México y en el mundo. Nunca antes un mandatario había comparecido ante los medios de comunicación con semejante regularidad.

Hasta ahora, las mañaneras han cumplido con diversos objetivos: ciertamente son un acto propagandístico -una manera de dar a conocer la obra de gobierno sin incurrir en los gastos excesivos en publicidad oficial-, pero también un ejercicio de rendición de cuentas. Para que esto último ocurra, sin embargo, deberían darse algunas condiciones.

En primer lugar, que acudan periodistas preparados y experimentados, de preferencia los mejores de cada medio. Algo similar a lo que ocurre en Estados Unidos con quienes cubren la Casa Blanca. En segundo lugar, que quienes asisten se preparen de antemano, con preguntas inteligentes e incisivas. Que estén dispuestos a acorralar al presidente si es necesario. Solo así las conferencias de prensa pueden ser un acto provechoso y útil.

Tristemente, veo a muchos periodistas consagrados -algunos de los cuales podrían estar ahí, pero han preferido dejar la silla vacía- juzgar diariamente de forma obsesiva todas y cada una de las declaraciones del presidente de la República. Pocas veces, sin embargo, llamamos a cuentas a los periodistas que tienen a su cargo acudir diariamente a ese espacio. Y me temo que muchos de ellos tienen hoy una enorme deuda con la profesión.

Están, desde luego, los zalameros profesionales o por convicción. El mejor ejemplo es Carlos Pozos, mejor conocido como Lord Molécula, un personaje que en algunos años recordaremos -para bien o para mal-- como el rostro de una época. Quién olvidará, por ejemplo, cuando le preguntó a AMLO "¿Qué tipo de sangre es usted, Señor Presidente?" y éste contestó: "T4 Positivo". O cuando le cuestionó: "Me podría explicar si su gobierno juega a ser Dios?".

Están los zalameros profesionales o por convicción. El mejor ejemplo es Carlos Pozos, mejor conocido como Lord Molécula. Nadie olvidará cuando le preguntó a AMLO: ¿Qué tipo de sangre es usted, Señor Presidente?

Las preguntas del señor del bigotito y el moño van siempre precedidas de una postura editorial. Una que, a pesar de su servilismo, agradecemos por transparente. Lord Molécula es lo que es: adora al presidente, no intenta disimular sus filias y fobias, como tantos otros comentócratas o periodistas famosos incapaces de esclarecer su adscripción político-ideológica.

El 22 abril, por ejemplo, refiriéndose a una decisión del Banco de México, el señor comentó: "Este ordenamiento con estas once acciones, desde mi punto de vista muy acertadas, mandan una buena señal para todos los ciudadanos mexicanos". Luego, le lanzó una pregunta retórica que era un simple pase: "Este ordenamiento y este rescate inyección de liquidez del Banco de México ¿qué fortaleza nos da como país, presidente?". Después de escuchar una pregunta así ya todos podemos suponer que la respuesta será, casi seguramente, irrelevante.

También hace algunas semanas, cuando tuvo lugar la negociación para reducir la producción de barriles, el señor Pozos comenzó así su alocución: "Antes que nada, felicitarle sinceramente por esta negociación con la OPEP. No era sencillo, se estuvo manejando información tendenciosa...Y felicitarle también por la plática que tiene con el presidente Trump para estos utensilios médicos". 

Después de la editorial habitual, la "pregunta" fue: "¿Con esta renegociación en la producción petrolera, queda demostrado que hoy más que nunca se requiere la refinería Dos Bocas para que el petróleo excedente no sea colocado en el mercado internacional y lo mexicanos podamos transformarlo y producirlo en gasolinas y sus derivados del producto?".

Hay quien dice que participaciones como la de Lord Molécula son orquestadas. Que el propio Jesús Ramírez Cuevas le siembra las preguntas a él y a otros. La suposición me parece absurda. Si así fueran las cosas, serían más discretas, menos burdas. Pero dejemos a un lado a Lord Molécula, quien en el fondo es un buen hombre. Incluso creo que ha terminado por convertirse en un sujeto entrañable que le resta solemnidad a las homilías mañaneras: es la nota de color, el objeto de los memes y videos que nos hacen reír en Twitter.

Además, su caso no es el único. Hay otros periodistas que desperdician la oportunidad de tener en frente a un presidente para cuestionarle, por ejemplo: "¿Cómo hace usted para mantenerse tan sano, como un corredor keniano?". Otros para inquirir: "¿Qué opina usted de la muerte y cómo ve su muerte?". 

Y cómo olvidar cuando llegó a la una reportera de la fuente de espectáculos para cuestionarle al también Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas si recibiría a Juan Gabriel en caso de que hubiera resucitado. Están, también los que creen importante saber algo como "¿A nombre de quién están los [carros] Jettas en los que se traslada?".

En el marco de la pandemia del Covid-19, la colección de excentricidades y absurdos que los reporteros le han preguntado a López Gatell en la hoy llamada "novela de las siete" no se queda atrás. El extremo del absurdo fue cuando una reportera le preguntó a subsecretario: "¿Qué recomienda contra las lluvias?" y él le contestó simplemente: "Pues nada más usar un paraguas para no mojarse".

Llama la atención que los periodistas no hayan entendido todavía que, si AMLO tiene propensión a divagar y alargar sus respuestas, pedirle 'una opinión' sobre un tema es la menos aconsejable de las ideas. Es casi como decirle: Señor presidente, ¿podría echarme un choro de media hora?

Otro día, un periodista le cuestionó al principal vocero del gobierno en la lucha contra la pandemia: "¿Nos podría dar un estimado de cuántos fallecimientos habrá: decenas, miles o millones... digo, para tranquilizar a la gente?". O quién podrá olvidar cuando a alguien más se le ocurrió preguntar: "¿Puede temblar durante la pandemia? ¿Tienen ya un protocolo?"

Una y otra vez, López Gatell y su equipo han tenido que responder y explicar las mismas cosas. El subsecretario casi nunca ha perdido el temple ni la paciencia que le caracterizan, salvo en una ocasión en que de plano tuvo que pedir a los reporteros poner atención, como si fueran los estudiantes de colegio secundario.

En el caso específico del presidente, llama la atención que los periodistas que acuden todas las mañanas a Palacio Nacional no hayan entendido todavía que, si este tiene propensión a divagar y alargar sus respuestas, pedirle "una opinión" sobre un tema es la menos aconsejable de las ideas. Es casi como decirle: "Señor presidente, ¿podría echarme un choro de media hora sobre este asunto y repetirnos nuevamente alguna de las frases hechas o anécdotas que ya le hemos escuchado 37 veces?".

Aquí algunos ejemplos:

Cuando Carlos Guzmán, de ABA Noticias, preguntó: "¿Qué opinión le merece de tipo de tretas que siguen insistiendo en lastimar al doctor López-Gatell que es el referente en la cuestión de esta pandemia, del control de esta pandemia?". Cuando Miguel Reyes Razo, de El Sol de México, soltó: "Ante el panorama mundial usted dice: ‘Calma, tranquilidad, serenidad', le mueve mucho esta experiencia, le acompaña mucho su instinto de político, su pelotear, el ver el horizonte y adivinar el conocimiento que tiene de personas y de situaciones, ¿le ayuda a guiar sus decisiones?, ¿se fía usted en el destino, en la buena estrella? ¿con qué cosas complementa su gobierno, señor presidente?"

No se pierdan esta otra, de Omar Caballero (Grupo Larsa Comunicaciones y El Vigía): "Presidente, yo quería mencionarle que se están manejando infinidad de teorías de conspiración por diferentes medios de comunicación, entre ellos el internet... Hablan acerca de teorías de recesión global que se acerca después de esta pandemia, de guerras comerciales, de situaciones acerca de tratar de reducir la población del mundo entero, etcétera, etcétera... Yo quisiera saber, presidente si usted tiene alguna opinión acerca de esta situación, de si la gente se está dejando llevar por esto, si es un engaño o si solamente son cosas que están distrayendo la atención de cosas más importantes".

Wooow. ¿De verdad esa pregunta la formuló un periodista? ¿Un "profesional de la comunicación"?

Mejor aquí la dejamos. Y es que el tipo de participaciones de buena parte de los reporteros que acuden a las homilías matinales ha hecho que las preguntas dejen de ser lo importante. Que lo único que importe -a veces, solo a veces- sean las respuestas. Triste realidad para cualquiera que se dedique al oficio periodístico y para el periodismo mismo.


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