Opinión
Basura ideológica y la CNDH
Por Raúl Tortolero
Hoy la comisión es muda ante el dolor y desesperación de muchos, es insensible y lejana, y sólo es cercana al poder. El mismo que la puso y la mantiene en ese puesto.

Basura ideológica es el conjunto de conceptos fijos que son adoptados como propios y que se intenta llevar a la realidad, para empeorarla.

Responder a los dogmas dictados por autores trasnochados, supuestamente "revolucionarios", o "progresistas", como si en ello les fuera la vida, es para no pocos políticos o activistas, un presunto "deber", sin el cual su valor como personas estaría a la baja. Miden su "compromiso" con la 4T con la vara de su radicalismo ideológico.

El resultado de la puesta en práctica de esa basura ideológica de izquierda se traduce en vendettas y resentimientos, y, peor aún, en la destrucción de instituciones democráticas, muchas de ellas autónomas, independientes y cuya función es vigilar, acotar, criticar al poder, y servir, así, de contrapeso político, pero también de expresión ciudadana. Las instituciones de la democracia deben ser de esencia ciudadana, no gubernamental, nunca oficialistas.

Usar como herramienta una ideología, al imponerla como hegemónica, para arrodillar a las instituciones de la democracia, es un acto de autoritarismo que no esconde su verdadero objetivo: la concentración del poder en manos del gobierno.

Un ejemplo en muchos sentidos es la CNDH. Desde la cuestionada llegada de la nueva titular, Rosario Piedra Ibarra, hija de la conocida activista de ultraizquierda, Rosario Ibarra de Piedra, trascendió que el factor de mayor peso para ser votada fue su cercanía con una ideología.

¿Deben existir ideologías que rijan las conductas de las principales autoridades de derechos humanos? Porque ceñirse a lo que se espera de ellas según la ideología, en lugar de ajustar su conducta a las leyes vigentes y sobre todo a las necesidades de las muchas víctimas en México, es el principal problema.

Traducción: todo el tiempo quieren quedar bien con el gobierno, que lleva la batuta en la encarnación de esa ideología, y por ello quedan mal con las víctimas. CNDH, "hermana en ideología", del gobierno. Una CNDH sin dientes, sin voz, y agachada.

Primero está ayudar a la gente que cuadrarse con la ideología oficial. Por ello, la CNDH debe ser autónoma e independiente del gobierno, a quien debe vigilar y hacer cumplir con su deber de garantizar los derechos de todos.

Hoy la comisión es muda ante el dolor y desesperación de muchos, es insensible y lejana, y sólo es cercana al poder. El mismo que la puso y la mantiene en ese puesto. Todo lo contrario de lo que se espera de ella.

Además vemos hoy que la ideología en esa comisión está por encima de los derechos humanos. Y lo está al grado de que algunas mujeres cuyos derechos han sido aplastados por el Estado de diversas maneras, no sintiéndose escuchadas, ni atendidas, iniciaron una protesta en la sede de la comisión, que derivó, con apoyo de varios grupos, en la toma y ocupación del inmueble.

Cuando una Comisión que debería defender los derechos humanos es tomada porque no hace nada, la ciudadanía ha quedado desprovista de uno de los escudos de su dignidad.

Tener tripulada ideológicamente y de facto a la comisión, ¿hace feliz al gobierno? No le es útil, lo deslegitima. Peor aún, criticar que se "intervengan" cuadros de próceres en lugar de atender los delicados casos que motivaron la toma del edificio, muestra gran insensibilidad social.

Una ideología probadamente fallida, revanchista, centralista, autoritaria y antidemocrática, y el sujetarse a ella por parte de funcionarios y legisladores, está acabando de derruir aquellos pasos que pudieron haber sido positivos por parte del gobierno.

De las cenizas de nocivas ideologías nacieron los derechos humanos, lo más preciado que el ser humano se ha regalado a sí mismo. Hoy, ceñirse a una ideología, significa la traición a los derechos humanos.


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