América Latina
Maduro busca legitimarse con el regreso de la oposición al juego electoral
Quiere presentar la votación en las elecciones regionales del domingo como un paso hacia la normalización y negociar el levantamiento de las sanciones.

 El gobierno de Nicolás Maduro busca legitimarse ante el mundo a través de las elecciones regionales y municipales de este domingo. Serán los primeros comicios que contarán con la participación de gran parte de la oposición, incluido el sector que a comienzos de 2019 acompañó la autoproclamación de Juan Guaidó como "presidente interino" de Venezuela. Pero esta presencia no asegura un proceso realmente competitivo.

La oposición, diezmada por el exilio de algunos de sus dirigentes y la proscripción o intervención judicial de sus partidos, llega dividida y debe enfrentar un clima de apatía electoral. Por su parte, el chavismo proyecta ganar la mayor cantidad de cargos -entre gobernadores, alcaldes, legisladores y concejales- apelando a su base fiel de votantes y al desencanto generalizado: a mayor abstención, más posibilidades para el oficialismo.

Con todo, esta campaña marca un punto de inflexión para la oposición más intransigente que pidió la abstención en las presidenciales de 2018 y las legislativas del año pasado. LPO consultó a Damián Alifa, sociólogo por la Universidad Central de Venezuela, qué cambió desde entonces. "Antes de las negociaciones en México, se había acordado construir un nuevo Consejo Nacional Electoral, donde estarían presentes dos rectores vinculados abiertamente con la oposición. También se trató la habilitación de la tarjeta MUD (Mesa de la Unidad Democrática), con la cual la oposición ganó en 2015 y es muy simbólica", explica.

El chavismo y la oposición acordaron el regreso de dirigentes en el exilio, como es el caso José Manuel Olivares, candidato a gobernador de La Guaira, o de Enzo Scarano, que busca hacerse con el estado de Carabobo

El chavismo y la oposición acordaron el regreso de dirigentes en el exilio, como es el caso José Manuel Olivares, candidato a gobernador de La Guaira, o de Enzo Scarano, que busca hacerse con el estado de Carabobo, y también la llegada de observadores de la Unión Europea, la ONU y el Centro Carter. El principal problema para el antichavismo es la falta de pactos para unificar candidaturas y asegurar así el triunfo en los distritos más disputados.

Una de las coaliciones opositoras, la Alianza Democrática, está integrada por formaciones como Acción Democrática, Copei, MAS, Avanzada Progresista, Cambiemos, más dialoguistas y que incluso participaron en los comicios de 2018 y 2020. La MUD, por su parte, se recuesta en los partidos del llamado G4, es decir, Voluntad Popular, Primero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, que han llamado a la abstención en los últimos procesos electorales. Por último, la Alternativa Popular Revolucionaria, que reúne a fuerzas del chavismo disidente, intentará conquistar los votos de los desencantados con Maduro.

El candidato opositor José Manuel Olivares.

La Alianza Democrática deberá luchar contra "el mote de oposición comprada" que le endilga el G4. "Los que participaron en 2018 buscan cualquier tipo de alianza para sumar votos a su causa, que ellos plantean que es la vía electoral. La MUD decepcionó mucho con esta idea de un gobierno paralelo y su retorno a la vía electoral es percibido como una derrota. Son dos bloques de oposición prácticamente irreconciliables", señala Alifa, que destaca además el surgimiento de candidaturas independientes y partidos locales.

Según su visión, las fuerzas opositoras necesitan "medirse porque el G4 llevaba cuatro años fuera de la vía electoral" y tiene que "negociar sobre la base de los números que sacó en la elección anterior". "Pero el país cambió mucho desde 2017. La oposición necesita medirse para empezar a reconocerse. Estas elecciones son básicamente una primaria dentro de la oposición".

La MUD decepcionó mucho con esta idea de un gobierno paralelo y su retorno a la vía electoral es percibido como una derrota

Este es el escenario ideal para Maduro. La presencia opositora le garantiza reconocimiento internacional a la votación, el primer paso para normalizar la situación política interna y superar la debacle económica. Como adelantó LPO, al presidente venezolano lo apura un acercamiento con el FMI por el tema de la deuda y la asignación de fondos. Ese mismo caminó ensayará con Estados Unidos, para que levante o al menos suavice las sanciones en contra de Venezuela. El madurismo buscará también recomponer su imagen en el exterior y reparar los vínculos diplomáticos dañados por la entrada a escena de Guaidó.

El número dos del chavismo, Diosdado Cabello, aseguró durante el cierre de campaña que "podemos decir que huele a victoria revolucionaria, ya hicimos lo que teníamos que hacer". Y probablemente esté en lo cierto, esta vez sin necesidad de utilizar a la justicia para acosar a los partidos opositores. El sociólogo venezolano afirma que "la oposición se lo pone muy fácil, porque fragmentada, con sectores que todavía llaman al abstencionismo, con baja participación, lo más seguro es que el gobierno gane limpiamente estas elecciones, pese al ventajismo electoral".

El giro del chavismo

El gobierno de Maduro viene trabajando hace tiempo en un nuevo mensaje acorde con el país que comienza a surgir de los escombros. La realidad de los venezolanos se ha visto modificada con la dolarización de facto y la flexibilización del control cambiario y en el último tiempo florecieron emprendimientos y pequeñas inversiones en medio de un Estado que se retrae del espacio público y queda limitado a un rol asistencialista. Ahora el chavismo tiene un discurso para los emprendedores y los sectores dolarizados.

Algo impensado hasta hace poco, el chavismo intenta ir por los votos de los desencantados con la oposición y con la política en general. "Las campañas del chavismo estaban basadas en un discurso del reforzamiento de su base. Esta vez aparece la idea de que Venezuela tiene con qué, una revalorización de lo propio, y apela a la dinámica de la gente que se quedó y está emprendiendo, y que encontró formas de sobrevivencia e intenta elevarle la autoestima", sostiene Alifa.

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El analista destaca que figuras del chavismo como Rafael Lacava, gobernador de Carabobo, o Georgette Topalián, candidata a la alcaldía de Baruta, comienzan a ser bien vistos por la clase media porque "intentan conectar con esta dinámica de emprendimiento y de cierta liberalización de la economía, son más persuasivos y se muestran como potenciales aliados" de esa parte de la sociedad. "Un sector del chavismo habla hoy de privatizaciones, respeto a la propiedad privada y mano dura con la delincuencia para elevar su techo electoral", dice.

"Hay un intento de recomposición del consenso en el país, en torno a un chavismo cambiante que intenta ponerse a tono con una sociedad que quiere una mayor apertura económica. Es una situación muy similar a la del PRI en México: un partido de gobierno hegemónico, que controla el tablero electoral, con un importante sector de la sociedad con mucha apatía con la política. Y así se logran los niveles de gobernabilidad", concluye Alifa. 

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