Política
Exclusivo: López Obrador no cree en el rompimiento de Ebrard y dice que no tiene destino como candidato opositor
Conversación con un magnate. Recuerdos del 2006 y euforia por el Financial Times. Inquietudes en la sucesión.

 Los días pasados Andrés Manuel López Obrador compartió una extensa conversación con uno de los empresarios más rutilantes del Grupo Monterrey. Fue un encuentro calmo y de aire casi intimista. Cuando el magnate llegó a Palacio Nacional, en el ocaso de la jornada, el presidente conversaba con la consejera jurídica Estela Ríos, quien hizo algún intento por permanecer en la plática que se iniciaba pero se le indicó que debía retirarse. También estaba prevista una aparición de Alfonso Romo, pero finalmente se ausentó. 

El mandatario inició la conversación con un fugaz recuerdo de su sucesión en la CDMX, en el año 2006. Recordó que en esa ocasión había por lo menos tres favoritos por delante de Marcelo Ebrard, a quien en el PRD se lo veía con recelo por su pasado en el camachismo. Pero llegado el momento, López Obrador levantó la mano de Ebrard y a la siguiente medición su nivel de aceptación había crecido 20 puntos. Con ese envíon se retuvo la capital sin mayores complicaciones.

La clave de ese pasado, según el presidente, se homologa en la actualidad: su alto nivel de aceptación se transfirió sin problemas al elegido. En la tesis de López Obrador, mientras él sostenga el nivel de aceptación actual, conservará el monopolio de su sucesión.

 Una idea que esta semana ganó volumen en el entorno presidencial luego de que un informe del Financial Times lo ubicara como el segundo presidente con mayor nivel de aceptación en el mundo, después del premier indio Narendra Modi. 

El presidente está convencido de que en la base de la sociedad su apoyo está no tan fuerte como hace tres años pero con niveles muy altos respecto a la oposición. Su foco en la segunda mitad de sexenio está en esas franjas. De ahí su creciente polarización. Ya no está tan interesado en cultivar sus vínculos con los poderes fácticos y se denota en ciertas conductas de agenda personal. De hecho, cree que la única posibilidad de que Morena no retenga el poder en 2024 es algún acontecimiento de gran calibre, un cisne negro de consecuencias impensadas.

El interlocutor le preguntó si no temía un rompimiento de Ebrard ante la posibilidad de que la elegida sea Claudia Sheinbaum. El presidente descartó tajantemente ese escenario. Cree que el canciller tiene claro que por fuera del oficialismo, un giro que gana adeptos en la oposición, no tiene destino y que todavía puede ocupar posiciones de peso en el próximo sexenio, tanto en el Senado como en la arena de la política internacional.

En la óptica presidencial, el llamado de opositores a Ebrard es la prueba de su falta de centralidad, que necesitan un candidato del oficialismo para recuperar terreno. López Obrador esta convencido de que el canciller entiende su cálculo y que antes que salir del Gobierno para arriesgarse a una derrota, permanecerá en el elenco oficial.

No cree lo mismo López Obrador de Ricardo Monreal, a quien puede visualizar como un eventual competidor  de la 4T en 2024. Su recelo con el titular de la Jucupo ha crecido en las últimas semanas aunque el tabasqueño lo reconoce como un hombre de talento para la intriga y la operación política. Al presidente le divierte que Monreal se lleve mejor con los coordinadores opositores que con los propios senadores morenos.

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